sábado, 17 de octubre de 2009

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Había escrito algo, pero se me borró. Imaginen que aquí hay algo.

martes, 13 de octubre de 2009

Las estudiantas

Hoy en el metro, dos estudiantas -no usaré la palabra "colegiala"- conversaban. Una era de cara redonda y rosada, pelo rubio casi naranjo y parecía que sudaba. La otra tenía un cintillo que le sujetaba el pelo, más oscuro que el de la otra, y tenía un ligero parecido con Ingrid Cruz, muy ligero. Ambas llevaban jumper, como estudiantas que eran. Hasta Estación Central eran dos personas más del metro, pero cuando el tren partió de esa estación un evento extraño comenzó a gestarse en la línea de tiempo de la humanidad. Cuando la estudianta del cintillo hablaba, me miraba, hasta el punto de parecerme que hablaba conmigo, así que me concentré en lo que decía y alcancé a oír: "Todos son iguales". Todos... ¿quiénes? ¿todos los hombres? ¿los seres humanos? ¿los semáforos? Asumo que debía referirse a los hombres, y asumo también que se quejaba conmigo, porque la amiga rosada me miraba como esperando mi indignación o alguna respuesta. Dije permiso y me bajé. Entonces comprobé que se dirigían a mí, pues la burlona estudianta del cintillo me dijo: "Adelante" con voz de hombre tonto o de zombie. No las volví a mirar. Había sido algo extraña esa apelación a mi persona. La gente del metro no suele incluir a terceros en sus burbujas conversacionales, pero esta vez me había pasado. Y se habían burlado.
Estudianta del cintillo: si lees esto, quiero que sepas que me quedé con las ganas de haberte respondido algo, de haberte asustado con una frase rápida, ingeniosa, de haber sido yo quien te dejara sorprendida y de que hubieras sido tú quien le contara a alguien o lo escribieras. En fin, de haber tenido alguna importancia mayor en tu vida que la de un simple hombre tonto que recibe las quejas de la mujer moderna.

domingo, 26 de julio de 2009

Libro "Diez" de Juan Emar *****


Cuatro animales. Tres mujeres. Dos lugares. Un vicio. Esos eran los ingredientes para crear el librito perfecto, pero el profesor Emar agregó accidentalmente otro ingrediente a la fórmula... la sustancia X... y así nació Diez, el genialísimo libro de cuentos de Juan Emar.
Esta obra consta de diez cuentos, agrupados en las categorías mencionadas. En todos ellos, el protagonista es el propio Juan Emar, quien nos relata algunas de sus vivencias relacionadas con animales, como "El pájaro verde", donde nos habla sobre un loro disecado que fue a dar a sus manos y con el que vivirá un singular episodio. Otros de los cuentos tratan sobre mujeres, como "Pibesa", cuento en el que Emar sube a la cordillera con ella luego de encontrar un papel que lo autorizaba para ello; además, el autor nos cuenta las angustiosas experiencias vividas en dos lugares: "El hotel Mac Quice" y el "Fundo de la cantera". Por último, se refiere al vicio del alcohol, explicando por qué motivos el hombre debe alejarse de él.
Voy a ser subjetivo y no me voy a ir por un análisis ñoñoso sobre el surrealismo y la ruptura de los cánones de la época que Juan Emar logra en su escritura. Da lo mismo que Juan Emar haya escrito en pleno tiempo del realismo o que escriba ahora que ya estamos más acostumbrados a lo fantástico y esas cosas. Este autor, en cualquier momento, resultaría genial, no sólo por la novedad de los mundos que presenta, sino además por el minucioso desarrollo de ideas (en especial en el cuento "Maldito Gato", donde el pensamiento del protagonista llega a niveles alucinantes), por el humor, y por supuesto por la extrañeza que producen las situaciones, muy cercanas a un plano onírico que el autor intenta plasmar.
Y ahora un poco de ñoñez. Algunas lecturas (como la de Guillermo Gotschlich, que tuve que leer hace algún tiempo) se basan en la ruptura que provocó Emar en la literatura chilena. Otras estudian los cuentos de Juan Emar desde el esoterismo, la numerología y cosas así, lo cual resulta interesante si se fija uno en algunas formas geométricas y combinaciones numéricas como la de "Maldito Gato" o de los otros cuentos. Estas lecturas dan cabida a un estudio minucioso sobre las cifras y coordenadas de elementos que Juan Emar plasma en sus obras, pero no agotan la genialidad de este autor chileno tan poco valorado en su tiempo. En este libro lo que sucede escapa a la lógica tradicional y al sentido común, para volcarse en un remolino de alucinaciones y sucesos extraños que se encuadran en un sistema de pensamiento muy particular. Excelentísimo.

foto sacada de www.epdlp.com

sábado, 25 de julio de 2009

Los Simpsons y el público infantil

Cuando fui a visitar a los quintillizos me extrañó ver en un momento que uno de ellos decía, mientras estrangulaba a otro: "¡Pequeño demonio!". Muchos ya sabrán a qué alude esta frase (por si no lo sabe, es de Los Simpsons) y se preguntarán (al menos yo me lo pregunto) qué es lo que ven nuestros niños hoy en día, por amor de Dios y de la santísima Virgen del Carmen. En realidad, no sé qué puede entender de Los Simpsons un niño de cinco años. A lo mejor estoy subestimando sus capacidades, y quizá ya los colorantes artificiales y el mundo globalizado influyeron en el desarrollo de la mentalidad de los nuevos infantes y los convirtieron en seres capaces de entender Los Simpsons a los cinco años. Pero yo creo que no. Yo creo que los niños no entienden nada de esa serie cuando la ven, al menos, yo no la entendía cuando era chico. Quizá yo era tonto, o fue culpa de mis papás que no me dejaban ver esa serie "para adultos" y me mandaban a acostar después de Video Loco, impidiéndome el normal desarrollo de la mentalidad del nuevo milenio. Pero yo creo que si algo les gusta a los quintillizos de Los Simpsons es lo mismo que ven en los otros dibujos animados: golpes e infortunios sufridos por sus protagonistas. Porque no hay nada más gracioso, y eso lo saben bien los niños, incluso yo cuando veía Video Loco, que la desgracia ajena.
El golpe es, en efecto, la base cómica de muchas películas gringas de comedia. Por ejemplo, esa del loco que se convertía en Noé (creo que era "Evan almighty", si no me equivoco) o cualquiera en realidad. Y en los Simpsons pasa lo mismo: Homero se golpea muchas veces, pueden picarlo las abejas, caerle un rayo, morderlo un perro, etc., y eso es gracioso de la misma forma en que es graciosa una señora que se cae al barro.
Esto evidencia que cuando uno es niño no tiene que entender las cosas para disfrutarlas. No voy a ponerme llorón ni a añorar la infancia perdida, pero es cierto que al ver Los Simpsons, ninguno de los quintillizos está pensando en por qué es malo el señor Burns, ni en la razón por la cual Homero y Marge están desnudos en el campo de golf. Simplemente disfrutan porque los monos son amarillos y porque de vez en cuando Homero se cae o estrangula a Bart. Fin.

viernes, 24 de julio de 2009

Juego Blood ****

http://www.arcades3d.com/descargas/blood/blood.var

Hace algún tiempo, intruseando los rincones de internet, me encontré con un juego. Su nombre era "Blood", y se veía bueno, así que lo bajé. Era una página de juegos antiguos, para DOS (o que funcionan con DOS, no sé cuál es la expresión correcta), {www.bestoldgames.net}. El juego venía sin sonido, seguramente por algún atao con mi sistema operativo (XP) , pero de todas formas me dije: "lo voy a jugar". Resultó ser un juego muy entretenido, estresante a ratos (esa es la idea, es un juego de terror, donde hay que encontrar llaves y uno siempre se queda pegado en algun momento). Los gráficos no son excelentes, y eso es muy bueno. Son monos pixelados totalmente, pero tienen estilo, además de que se siente la antiguedad del juego, en el buen sentido del término. Muy poca gente a la que se lo he recomendado lo ha jugado seriamente. Muchos ni siquiera lo pescan, y lo juzgan por ser feíto, pero es un gran juego muy valioso. Ahora, si buscan por internet, pueden encontrar la versión con sonido y la expansión Plasma Pak, que incluye un quinto nivel, muy bueno.

Primeras palabras.


No sé bien qué hago aquí, ahora. No sé, por lo mismo, con qué cosa se debe empezar un blog. Creo que voy a hablar del extraño suceso que ocurrió ayer martes, perdón, jueves 23 de julio, cerca de la medianoche, cuando me encontraba en casa de un amigo.
En el living de la casa, o salón, hay una pared llena de retratos de antiguos familiares. Como pude comprobar, muchos de ellos no le importaban un comino a mi amigo, y nisiquiera sabía como se llamaban. Entonces surgió un retrato que llamó particularmente mi atención. Se trataba de un señor -antiguo- de bigotes muy arreglados, que vestía como se viste toda la gente antigua, con un vestón antiguo y una corbatita ridícula, y cuyo rostro evidenciaba una altivez muy propia de señor antiguo. Me quedé mirando unos instantes. ¿A quién se parecía? A alguien que había visto hace muy poco, en algún libro... ¡El dramaturgo Armando Moock! Era idéntico. Lo dije: "Este caballero es igual a Armando Moock". Posteriormente, mis amigos -eran dos los que estaban allí-, me preguntaron quién diablos era Armando Moock. Les expliqué que era un dramaturgo de comienzos del siglo XX (¿XX? Sí, ese siglo), y no conseguí mucho, puesto que ni conocían al señor Moock ni sabían quién era el tipo del retrato. Uno de ellos, sin embargo, dijo: "Todos los viejos de los retratos son iguales, todos con bigotes y todos en blanco y negro. Imagínate, para tomarse una foto en ese tiempo era todo un circo. No como ahora, que la gente llega y toma una foto y ve cómo salió altiro, o que se toman fotos desde arriba -se refería, por cierto, a los "emos" o "pokemones" de nuestra sociedad, que suelen fotografiarse desde arriba-. Antes eso no se habría podido, a menos que se pudiera levitar de alguna forma al fotógrafo con sus aparatos y que te tome una foto desde arriba". Bueno, ese no era el tema. Al final, nadie supo quién era el señor del cuadro, así que le tomé una foto con mi celular, para luego, llegando a mi casa, compararlo con la imagen de Armando Moock. No era Armando Moock. Y lo más triste es que nadie sabía quién era. Era sólo un señor olvidado, inmortalizado para nadie en un retrato antiguo.
opasfjapofs